Debido a mi trabajo tengo cierto contacto con gente que acaba de entrar en la veintena, a la cual me encuentro casi diciendo adiós. Les miro, los observo, los examino y, aunque con ciertas cosas sí me identifico, la verdad es que me siento a años luz y no puedo evitar preguntarme, una y otra vez, en qué momento me hice mayor.
Así es que, después de mucho pensar y comentarlo con compañeros en mi misma situación, es decir, en los tai tantos, como dicen algunos, he llegado a la conclusión de que el punto de inflexión llega cuando, de pronto, dices: “¡ale, a buscar trabajo!”. Ese es el primer jarro de agua fría, pero luego vienen algunos otros, sin contar los que están por llegar… cuando te das cuenta de que no hay jefes buenos, que lo de ahorrar es una utopía, que no existe el curro pefecto y, sobre todo. que ¡otra vez es lunes! Y no tanto porque que sea lunes, sino porque el resto de semana se ha debido perder en un extraño jet lag.
No obstante y siendo sincera, no me cambio, de eso nada. Vale que ya no puedo salir de marcha dos días seguidos, que me descubro repitiendo frases que mi madre me ha dicho doscientas veces, que me empieza a molestar el desorden y que me he comprado cortinas. Sin embargo, lo que he aprendido no tiene precio, y solo vale menos que lo que me queda por aprender.
Y, ya por último y a ver quién es el guapo que me lo niéga… Qué descanso pasar a sentirse uno más del millón de millones de personas y no, ese patito feo, al que le ocurre todo y que, además, es el que peor lo pasa. Brindo por eso.
Debido a mi trabajo tengo cierto contacto con gente que acaba de entrar en la veintena, a la cual me encuentro casi diciendo adiós. Les miro, los observo, los examino y, aunque con ciertas cosas sí me identifico, la verdad es que me siento a años luz y no puedo evitar preguntarme, una y otra vez, en qué momento me hice mayor.
Así es que, después de mucho pensar y comentarlo con compañeros en mi misma situación, es decir, en los tai tantos, como dicen algunos, he llegado a la conclusión de que el punto de inflexión se experimenta cuando, de pronto, dices: “¡ale, a buscar trabajo!”. Ese es el primer jarro de agua fría, pero luego vienen algunos otros, sin contar los que están por pasar… cuando te das cuenta de que no hay jefes buenos, que lo de ahorrar es una utopía, que no existe el curro pefecto y, sobre todo. que ¡otra vez es lunes! Y no tanto porque que sea lunes, sino porque el resto de semana se ha debido perder en un extraño jet lag.
No obstante y siendo sincera, no me cambio, de eso nada. Vale que ya no puedo salir de marcha dos días seguidos, que me descubro repitiendo frases que mi madre me ha dicho doscientas veces, que me empieza a molestar el desorden y que me he comprado cortinas. Sin embargo, lo que he aprendido no tiene precio, y solo vale menos que lo que me queda por aprender.
Y, ya por último y a ver quién es el guapo que me lo niéga… Qué descanso pasar a sentirse uno más del millón de millones de personas y no, ese patito feo, al que le ocurre todo y que, además, es el que peor lo pasa. Brindo por eso.