¿De qué hablaremos a nuestros nietos?
Posted by admin on febrero 4th, 2009 filed in reflexionesEl fin de semana pasado me deleité con una apoteósica paella en casa de mi abuela. Hay que ver que mano tiene la mujer a sus 84 años. Tras el copioso plato, recogimos los bártulos y nos tomamos un buen café. Después, extraje el ordenador portátil y estuve contestando a algunos correos urgentes. Al tiempo, mi yaya miraba embelesada una de sus novelas televisivas favorita, con título parecido a “Amor en tiempos requetevueltos”, o algo similar.
El caso es que, por un instante, levanté la cabeza del teclado y la sorprendí ojeando el portátil. Al principio ella no se percató de que la había pillado escudriñando el aparato. Me interrogué entonces sobre qué es lo que pasaría por su cabeza mientras observaba la máquina y me dispuse a realizar un inocente experimento. Tecleé la dirección de facebook y giré la pantalla.
“Mira abuela” le dije. Y añadí: “a través de esta página web puedes reencontrarte con antiguas amistades o con gente a la que perdiste la pista hace años”. ¿Qué te parece?”.
Miró detenidamente la pantalla y contestó: “y eso… ¿cómo funciona?”. Por un momento, pude percibir en sus ojos la curiosidad e inquietud propias de los niños de cuatro o cinco años. Así que le expliqué por encima que había que introducir los datos personales en un cuestionario y que al especificar el lugar donde habías estudiado o trabajado el programa era capaz de ponerte en contacto con aquellas personas que compartían esos mismos lugares de faena, universidades, institutos… o incluso la misma región geográfica. A continuación, maticé que se trataba de lo que hoy denominan una red social y que era muy famosa entre los medios de comunicación. Me emocioné y puntualicé que incluso era apta para desarrollar modelos de negocio aunque, en lo que a resultados publicitarios se refería dejaba, por lo visto, mucho que desear. Y recalqué, a modo de ponencia, que actualmente cuenta con más de 120 millones de usuarios, según wikipedia.
Para cuando había terminado mi soporífera disertación mi abuela ya ni me miraba. De hecho, había terminado el intermedio de la telenovela y había vuelto a hipnotizarse con Alberto José. Me sentí como cuando ella se pone por meta contarme los entresijos de cada uno de los vecinos que habitan su escalera y yo me resisto, me resisto, me resisto.
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