Feb 04 2009
Turismo sin Maletas
Aunque sólo lo hagamos como medida anticrisis, buscar formas baratas de pasar el tiempo puede resultar más interesante de lo que a primera vista parece. Por eso, para todo aquel que carezca del montante necesario para hacer una escapadita estas vacaciones de Navidad, le propongo que eche un vistazo a su alrededor. Seguramente descubrirá parajes, yacimientos, teatros o lugares de interés que desconoce y que enriquecen su propia localidad o las colindantes.
Nada más lejos de mi intención está el vender la idea del “¿para qué viajar?”, porque yo soy la primera a la que le encanta hacer la maleta y lanzarse a descubrir nuevos lugares. Y confieso que, irracionalmente, cuanto más lejanos son los destinos, más emocionantes me parecen. Y con toda seguridad lo sean, pero ¿por qué no dedicar unos minutos de nuestro tiempo a conocer los entresijos de la tierra que pisamos? Visitar, por ejemplo, los museos sobre aquellos que nacieron a cien metros de nuestro hogar y que han formado parte de los grandes de la literatura española, como puede ser el caso de Azorín en Monovar, Miguel Hernández en Orihuela o Enric Valor en Castalla.
Nos sorprendemos en ocasiones observando a los turistas que, embobados, toman fotos de esta catedral o de aquel otro castillo. Monumentos, para nosotros desmitificados, que pertenecen a nuestra ruta de trabajo habitual, a las baldosas de la plaza que atravesamos cada jueves para ir al mercado o a la fachada del edificio público, cuyo pórtico ha pasado desapercibido todas las ocasiones que hemos hecho cola a sus puertas para presentar algún documento. Muchos de estos puntos de interés, idiosincrasia del propio pueblo y de sus características diferenciadoras, están ahí para nosotros simplemente porque así lo anuncia el cartel de la entrada o el de la oficina de turismo.
Me resisto a esperar a estar jubilada para que me lleven en grupo a conocer los encantos del lugar en el que resido. Además, considero realmente fastidioso que alguien de fuera me cuente lo interesante que es la sala de exposiciones que inauguraron tres calles más abajo de mi casa, esa que nunca he pisado y que, a diferencia del Louvre, es gratis todos los días.