Mar 13 2009

Fama ¡A bailar!

Published by admin at 19:52 under reflexiones

Hoy voy a hablar sobre televisión porque, a pesar de que la oferta de canales que conforman la parrilla actual se ha multiplicado, lo cierto es que encontrar un programa al que realmente merezca la pena dedicar nuestro tiempo es una tarea complicada. Y voy más allá del inconsciente momento en el que encendemos el aparato y hacemos zapping durante unos minutos  mientras comemos, planchamos o ganduleamos antes de irnos a la cama. Hago hincapié en la visión consciente porque ése es, a mi entender, el tiempo de calidad que dedicamos a este medio de comunicación tan fundamental como banalizado.

De esta manera, más allá de los diarios de Patricia o ciertos programas del corazón o tertulia disparatada, opino que sí existen algunos contenidos que, aunque escasos, merecen un inciso. Me remito a un formato concreto que tiene como público objetivo a los adolescentes llamado ‘Fama ¡A bailar!‘  En él, un grupo de chavales, cuyo sueño es convertirse en bailarines profesionales, compiten entre ellos, semana tras semana, por mantener su puesto en la academia y llegar a la gran final. El premio para el ganador: una beca para estudiar danza en una prestigiosa escuela en L.A., cuna de los grandes coreógrafos y estrellas del espectáculo.

Mas allá de lo que pueda parecer y salvando las excepciones, entre los concursantes se respira un ambiente sano, en el que el compañerismo, el esfuerzo, la amistad y el respeto se convierten en el estandarte de cada frame. Muchos opinan que los jóvenes de hoy en día están acostumbrados a obtener las cosas sin a penas sacrificio y que no saben hacer frente a la frustración. Ver como estos chicos sudan lágrimas y empeño, callaría la boca a muchos entendidos.

Sería poco honesto por mi parte omitir el hecho de que en el programa demasiados minutos indeseados se invierten en espacios comerciales y en colocación de producto, pero ante la publicidad, motor de todo, poco se puede hacer. Y, sin embargo, siempre termino apagando el televisor. No por aburrimiento, ni vergüenza ajena o desinterés, como efectivamente me ocurre ante otros contenidos. Le doy al botón porque ver como estos jóvenes luchan de esa manera por obtener su sueño, despierta en mí un deseo saludable de trabajar por conseguir el mio. De eso se trata, de despertar motivación. Y en medio de tanto absurdo, esa energía a través de las ondas es, a mi entender, digna de ser mencionada.

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