jul 24 2010
En el lado cívico
Ayer por fin pude ir a la playa. Decidí desconectar totalmente después de una mañana provechosa y la verdad es que lo conseguí. El sol se soportaba sin mucho estrago y el mar invitaba al baño. Apetecía caminar junto a la orilla y el total de gente permitía echar un rato de palas playeras sin romper cuatro crismas.
La cuestión es que entre bolea y parada, dejando pasar a los viandantes que circulaban a nuestro lado, me consideré bastante civilizada, quizás un 6 en la escala del civismo. Eso sí, cuando detuvimos el partido para garantizar la seguridad de una mujer que a la vez que caminaba se agachaba paciente con el objetivo de recoger cada plástico del camino que otros habían arrojado, comprendí donde estaban los márgenes de la escala. Una hora antes yo misma había recorrido la orilla y en lugar de recoger los desperdicios accesibles me dediqué a sortearlos. Creo que me debería bajar algún que otro punto y con suerte me quede en el aprobado raspado.
Fotografía con licencia Creative Commons propiedad de IDIAY en Flickr
Cuando reflexiono sobre cosas como ésta, cuando pienso en esta mujer que de forma desinteresada recogía desperdicios que otros habían arrojado sin ápice de consideración, me da por pensar que habitamos en una especie de balanza en la que los que posibilitan la convivencia compensan a los dueños de los perros que minan las aceras, a los que dejan las huellas del botellón o los que tiran la basura al horno-contenedor a las 12 de la mañana. Seamos honestos, nadie se salva, pero todos deberíamos hacer un sincero ejercicio de autocrítica y procurarnos más a menudo un sitio en el lado ciudadano de esta bascula imaginaria.
